29 enero 2026
- Veo esta imagen y me lo pregunto. Un padre cargando a su hijo entre el barro, bajo un cielo que no promete tregua. Tiendas inundadas, pies mojados, dignidad intacta. No hay épica, solo supervivencia.
- ¿Tenemos derecho a quejarnos? Claro que sí. Pero también tenemos el deber de mirar más allá de nuestras pequeñas incomodidades. Quejarse por el tráfico, por la lluvia, por una espera larga… es humano. Pero esta imagen nos recuerda que hay quienes viven en lo que para nosotros sería una emergencia permanente.
- No se trata de competir en sufrimiento. Se trata de cultivar empatía. Esta escena no nos dice “no te quejes”, sino “mira, escucha, comprende”. Nos invita a transformar la queja en conciencia, en acción, en gratitud.
- Porque si podemos elegir qué comer, dónde dormir, qué leer, qué escribir… entonces también podemos elegir mirar con compasión. Y quizá, desde ahí, quejarnos menos y hacer más.

Tienes toda la razón, querido amigo. Claro que tenemos el derecho y la obligación de quejarnos, lo que ocurre es que sabemos que no tenemos confianza en que se haga caso a nuestras quejas...
ResponderEliminarUn abrazo fuerte
Ildefonso, así es, amigo. Quejarnos forma parte de nuestro derecho y también de nuestra responsabilidad como ciudadanos. Lo que desalienta, como bien señalas, es esa sensación de que nuestras voces se pierden en un vacío donde nadie escucha. Esa falta de confianza en que las quejas sirvan para algo es, en sí misma, una de las grandes grietas de nuestro tiempo.
EliminarAun así, creo que vale la pena seguir expresándonos, aunque solo sea para no renunciar a la dignidad de decir lo que consideramos justo. Callar nunca ha mejorado nada.
Un abrazo fuerte, maestro de la fotografía.