
Blog 4 (Google), de Enrique
sábado, 28 de marzo de 2026
El niño que fui, el que aún me sueña

jueves, 26 de marzo de 2026
26 de marzo de todos los tiempos: Algunas fotografías de mi colección
26 marzo 2026
- Siempre me gustó la fotografía. A lo largo de mi vida hice miles de fotos y también me dediqué a recopilar todas aquellas que me han acompañado en tantos momentos de disfrute, obras creadas por grandes fotógrafos. Ahora, de vez en cuando, las observo como si fueran —y para mí lo son— joyas muy preciadas. Dejo hoy aquí, una pequeña muestra.
lunes, 23 de marzo de 2026
Ella me hablaba desde la vida
28 septiembre 2026
- Hay mañanas en las que uno se despierta ligero, sin dolores, sin sombras, sin noticias que pesen… y aun así aparece una inquietud que no sabes de dónde viene. Otras veces sueñas que aún subes unas escaleras sin esfuerzo, como si el cuerpo recordara lo que un día fue natural, y esa misma facilidad te descoloca. También ocurre que ves a alguien perder la paciencia con un mayor —con su propio mayor— y te duele: las voces, la prisa, la falta de memoria convertida en reproche, la torpeza tratada como culpa. Y entonces, inevitablemente, te preguntas en qué punto del camino estás tú.
- Pero hay días distintos, días raros y luminosos: todo parece en orden, la calle respira calma, la gente se saluda, los jóvenes acompañan a sus viejos del brazo, los niños obedecen sin dramatismos… y, aun así, algo dentro de ti se mueve, como si la normalidad también fuera un aviso.
- Yo me reí entonces, convencido de que hablaba desde la edad. Hoy entiendo que hablaba desde la vida.
jueves, 19 de marzo de 2026
Sigo locamente enamorado de Ella

domingo, 15 de marzo de 2026
El lugar donde ella todavía existe
La historia de un hombre que perdió más que a una mujer: perdió su vida entera, y aún la busca en el aire
15 marzo 2026
- Sentado frente al mar en el banco que puedo estar sin que nadie pueda robarme el espacio. Cerré lo ojos:
- Lo vi sentado en el banco de siempre, aunque hoy parecía distinto. No era la postura, ni el cigarro que sostenía entre los dedos; era la forma en que miraba el aire, como si buscara algo que ya no estaba allí.
Me acerqué despacio, sin querer romperle el silencio.
- ¿Está bien? —le pregunté.
- Tardó en responder. Cuando por fin habló, su voz era un hilo que venía de muy lejos.
- No, hijo, no estoy bien. Solo estoy recordando lo que fui… y lo que perdí. Aquí me sentaba con ella. Aquí le contaba mis torpezas, mis miedos, mis tonterías. Ella me escuchaba como si todo tuviera arreglo.
- ¿Era su mujer?
- Negó con la cabeza, muy despacio.
- No, hijo. No era mi mujer. Era mucho más. Era mi vida entera. Yo creía que lo sabía, pero nunca se lo dije como debía. Y cuando la niña enfermó… cuando la leucemia nos robó hasta el aire… ella se apagó por dentro. Yo no supe sostenerla. Se marchó pensando que nadie la quería. Y yo… yo me quedé sin voz para detenerla.
- No supe qué decirle. Solo asentí, como si ese gesto pudiera acompañarlo un poco.
- Lo dejé allí, mirando un punto que solo él veía, moviendo la cabeza con ese vaivén que tienen los que hablan con sus recuerdos. Seguí mi camino sin saber si lo que me había contado era real o si era, como tantas veces, un aviso de mi propia imaginación.
- Pero da igual. Mi madre siempre decía que lo que uno imagina también es verdad, si lo siente de verdad. Y yo siempre le creí.
sábado, 14 de marzo de 2026
Memoria, sentimientos, remake, incertidumbre
14 marzo 2026
- Sucedió otra vez. Dos sensaciones opuestas, cruzándose sin avisar, mientras la luz del nuevo día se filtraba por las rendijas de la persiana y despertaba, como siempre, las sombras de mi imaginación.
- Tras la muerte de mi Padre, nos reunimos en casa para acompañar a mi Madre. Aquel día recorrí cada estancia como quien repasa una vida entera. En cada rincón encontraba un fragmento de mis veintitrés años allí. Pero fue en el baño donde algo me detuvo: un tubo empezado de pasta dentífrica, una botella a medio consumir de Hair Tonic Blue, una cajita abierta de hojas de afeitar y otros objetos semejantes. Los tomé entre mis manos, uno por uno, sabiendo que Él los habría sostenido horas antes. Y me pregunté, con una mezcla de ternura y desasosiego, si al abrir ese último tubo o al estrenar aquella botella habría imaginado que serían los últimos.
- Desde entonces, aquella sensación —que entonces viví como un golpe triste— me acompaña cada vez que comienzo un tarro de Nescafé, un Sensodyne, un Hair Tonic, un bote de laca, una caja de Zyloric o cualquier objeto destinado a durar. Una especie de conciencia silenciosa, inevitable.
- En los últimos tiempos —no sé si meses o quizá años— me descubro evitando, sin pensarlo, poner el punto final a cualquier nota o escrito. Es un gesto automático, casi obstinado, como si una parte de mí se negara a cerrar del todo.
- Quiero creer, y lo creo, que esta resistencia es una forma íntima de rebeldía. Un modo de recordarme que no todo debe concluir deprisa, que hay cosas que conviene dejar abiertas, respirando, sin urgencias ni clausuras innecesarias.
- Y termino recordando una frase cuyo autor no logro fijar en la memoria, pero que vuelve a mí con frecuencia, como si quisiera ocupar un lugar central entre mis razones para seguir atento a la vida. Decía que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Quizá ahí resida, precisamente, la gracia de seguir adelante.
lunes, 9 de marzo de 2026
Comas, paréntesis y guiones largos: pequeñas marcas, grandes diferencias
Sobre la humilde pero decisiva función de los incisos en la escritura
09 marzo 2026
El niño que fui, el que aún me sueña
Un encuentro inesperado en ese lugar donde la memoria y el sueño se dan la mano. Imagen obtenida con la ayuda de Grok 28 marzo 2026 - La rea...



