domingo, 15 de marzo de 2026

El lugar donde ella todavía existe

La historia de un hombre que perdió más que a una mujer: perdió su vida entera, y aún la busca en el aire

Imagen de la IA de Bong

15 marzo 2026

- Sentado frente al mar en el banco que puedo estar sin que nadie pueda robarme el espacio. Cerré lo ojos:

- Lo vi sentado en el banco de siempre, aunque hoy parecía distinto. No era la postura, ni el cigarro que sostenía entre los dedos; era la forma en que miraba el aire, como si buscara algo que ya no estaba allí.

Me acerqué despacio, sin querer romperle el silencio.

- ¿Está bien? —le pregunté.

- Tardó en responder. Cuando por fin habló, su voz era un hilo que venía de muy lejos.

- No, hijo, no estoy bien. Solo estoy recordando lo que fui… y lo que perdí. Aquí me sentaba con ella. Aquí le contaba mis torpezas, mis miedos, mis tonterías. Ella me escuchaba como si todo tuviera arreglo.

- ¿Era su mujer?

- Negó con la cabeza, muy despacio.

- No, hijo. No era mi mujer. Era mucho más. Era mi vida entera. Yo creía que lo sabía, pero nunca se lo dije como debía. Y cuando la niña enfermó… cuando la leucemia nos robó hasta el aire… ella se apagó por dentro. Yo no supe sostenerla. Se marchó pensando que nadie la quería. Y yo… yo me quedé sin voz para detenerla.

- No supe qué decirle. Solo asentí, como si ese gesto pudiera acompañarlo un poco.

- Lo dejé allí, mirando un punto que solo él veía, moviendo la cabeza con ese vaivén que tienen los que hablan con sus recuerdos. Seguí mi camino sin saber si lo que me había contado era real o si era, como tantas veces, un aviso de mi propia imaginación.

- Pero da igual. Mi madre siempre decía que lo que uno imagina también es verdad, si lo siente de verdad. Y yo siempre le creí.

sábado, 14 de marzo de 2026

Memoria, sentimientos, remake, incertidumbre

Hoy un nuevo remake ilumina mi memoria, mis recuerdos y mis sentimientos

14 marzo 2026

- Sucedió otra vez. Dos sensaciones opuestas, cruzándose sin avisar, mientras la luz del nuevo día se filtraba por las rendijas de la persiana y despertaba, como siempre, las sombras de mi imaginación.

- Tras la muerte de mi Padre, nos reunimos en casa para acompañar a mi Madre. Aquel día recorrí cada estancia como quien repasa una vida entera. En cada rincón encontraba un fragmento de mis veintitrés años allí. Pero fue en el baño donde algo me detuvo: un tubo empezado de pasta dentífrica, una botella a medio consumir de Hair Tonic Blue, una cajita abierta de hojas de afeitar y otros objetos semejantes. Los tomé entre mis manos, uno por uno, sabiendo que Él los habría sostenido horas antes. Y me pregunté, con una mezcla de ternura y desasosiego, si al abrir ese último tubo o al estrenar aquella botella habría imaginado que serían los últimos.

- Desde entonces, aquella sensación —que entonces viví como un golpe triste— me acompaña cada vez que comienzo un tarro de Nescafé, un Sensodyne, un Hair Tonic, un bote de laca, una caja de Zyloric o cualquier objeto destinado a durar. Una especie de conciencia silenciosa, inevitable.

- En los últimos tiempos —no sé si meses o quizá años— me descubro evitando, sin pensarlo, poner el punto final a cualquier nota o escrito. Es un gesto automático, casi obstinado, como si una parte de mí se negara a cerrar del todo.

- Quiero creer, y lo creo, que esta resistencia es una forma íntima de rebeldía. Un modo de recordarme que no todo debe concluir deprisa, que hay cosas que conviene dejar abiertas, respirando, sin urgencias ni clausuras innecesarias.

- Y termino recordando una frase cuyo autor no logro fijar en la memoria, pero que vuelve a mí con frecuencia, como si quisiera ocupar un lugar central entre mis razones para seguir atento a la vida. Decía que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Quizá ahí resida, precisamente, la gracia de seguir adelante.

lunes, 9 de marzo de 2026

Comas, paréntesis y guiones largos: pequeñas marcas, grandes diferencias

Sobre la humilde pero decisiva función de los incisos en la escritura

Imagen de Grok

 09 marzo 2026


- A riesgo de parecer —y desde este mismo instante pido disculpas por ello— un profesor de Lengua, Ortografía o incluso de Literatura, me gustaría aclarar un asunto que suele pasar desapercibido, pero que determina de forma decisiva el ritmo, la intención y la elegancia de un texto: la diferencia entre escribir algo entre comas, entre paréntesis o entre guiones largos.

- No son equivalentes. No son intercambiables. Y, aunque a veces lo parezcan, cada uno de estos signos crea un tipo distinto de respiración en la frase, un modo particular de relacionar la idea principal con la idea secundaria. Como decía Azorín, “el estilo es la precisión”. Y aquí la precisión importa.
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1. El inciso entre comas
Las comas integran la información en el flujo natural de la frase. El lector no se detiene: simplemente atenúa el paso. Lo que va entre comas es relevante, forma parte del discurso y se lee como un matiz que acompaña sin interrumpir.
Ejemplo: Mi hermano, que vive lejos, llegará mañana.
Aquí el inciso es parte del retrato; no se puede quitar sin que la frase pierda algo esencial.

2. El inciso entre paréntesis
Los paréntesis introducen un comentario lateral, casi un susurro. La información es útil, pero no imprescindible. El lector puede saltársela sin que el sentido general se altere.
Ejemplo: Mi hermano (el que vive lejos) llegará mañana.
La frase funciona igual sin el paréntesis. Es un apunte, una nota al margen. Julio Cortázar decía que “el lector ideal es aquel que escucha lo que no está escrito”; pues bien, el paréntesis es justo eso: lo que casi no está.

3. El inciso entre guiones largos
Los guiones —estos mismos— crean una pausa enfática. A diferencia de las comas, aíslan la información; a diferencia de los paréntesis, la mantienen dentro del discurso principal, pero con un brillo propio.
Ejemplo: Mi hermano —que vive lejos— llegará mañana.
Aquí el inciso se convierte en un foco de atención. Es una interrupción expresiva, casi teatral. Galdós los usaba con maestría para introducir matices irónicos o aclaraciones con intención.

Tendencias actuales
En la escritura contemporánea se observa una preferencia creciente por los guiones largos, quizá porque aportan ritmo y personalidad. Los paréntesis, en cambio, se reservan para comentarios más íntimos o autorreferenciales. Las comas siguen siendo el recurso más neutro y, por ello, el más frecuente.
Nada de esto es obligatorio, pero sí orientativo. Como en casi todo en la lengua, la clave está en la intención: qué queremos que el lector sienta, dónde queremos que respire, qué queremos que recuerde.

Una sugerencia final
Antes de elegir un signo, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿qué papel juega esta información en mi frase?
Si es esencial, comas.
Si es prescindible, paréntesis.
Si es expresiva, guiones.
Y si aun así dudamos, recordemos a Lázaro Carreter: “Escribir bien no es escribir difícil, sino escribir claro”.

- Prometo que mañana no volveré a parecer un profesor de Lengua. O al menos lo intentaré.

jueves, 5 de marzo de 2026

Ese inaccesible e ilocalizable "masallá"

Fotografía de 55. Boris Kaufman

05 marzo 2026

- Te diré lo que me decía siempre mi Madre: "Enric, no tengas prisa, la vida es muy larga ... pero muy corta" - Con eso que Ella siempre repetía a quien la quisiera escuchar nos quería decir que el amor o cualquier otro logro llega sin necesidad de tener prisa para conseguirlo, pero ... "aprovéchalo porque se te hará muy corto cuando lo alcances".

- Se es joven siempre, ya sabes, hasta un segundo antes de morir se es joven, la vejez empieza, siempre, en ese inaccesible e ilocalizable "masallá".


miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Cuánto tiempo puede resistir Putin en la guerra de Ucrania?

Un conflicto que se prolonga, un liderazgo que se endurece y un país que paga el precio silencioso del desgaste. 


04 marzo 2026


- La pregunta no busca adivinar el futuro, sino entender las fuerzas que sostienen —y desgastan— a un liderazgo en guerra. Rusia ha demostrado una capacidad notable para prolongar el conflicto: industria militar reactivada, economía reorientada hacia el esfuerzo bélico y un aparato político que controla el relato interno con precisión quirúrgica. Pero cada mes de resistencia tiene un precio que no siempre se ve en los mapas.

- La economía rusa aguanta, sí, pero a costa de convertirse en una economía de guerra que sacrifica bienestar por supervivencia. El apoyo internacional que recibe Moscú —selectivo, interesado, nunca gratuito— le permite respirar, aunque también lo ata a dependencias nuevas. Y en el frente interno, la estabilidad se mantiene más por control que por entusiasmo, más por miedo que por convicción.

- Putin puede resistir aún mucho tiempo, pero la pregunta esencial es otra: ¿qué queda de Rusia cuando termine de hacerlo? Porque el desgaste no solo erosiona recursos, sino también futuro, tejido social y horizonte político. En las guerras largas, el tiempo nunca es neutral: transforma, deforma y, a veces, vacía.

- Quizá la cuestión no sea cuánto puede resistir Putin, sino cuánto puede resistir un país entero sin perder aquello que lo sostiene por dentro.

- Tal vez lo único que podemos aprender de lo que sucede en Ucrania y en Rusia es que ninguna sociedad está a salvo de la inercia del poder ni de la tentación del miedo. Las guerras no empiezan de un día para otro: se incuban en silencios, en renuncias, en relatos que se aceptan sin discutir. Y cuando estallan, ya es tarde para improvisar principios. Mirar este conflicto con atención no es un ejercicio de geopolítica, sino de responsabilidad: entender cómo se erosiona una democracia, cómo se endurece un liderazgo y cómo se normaliza lo inaceptable. Porque lo que hoy vemos allí, mañana —si no vigilamos— puede empezar a insinuarse aquí.

jueves, 26 de febrero de 2026

Apagar la TV, un acto de cuidado personal

@aunapalabrapodcast ¿Por qué el consejo más valioso de un psiquiatra para la vida sana es apagar la tele? Mira el episodio completo del Podcast A1P en el link de la descripción #psiquiatra #psicología #pensamientocrítico #aunapalabrapodcast #adriasolapastor ♬ original sound - A Una Palabra

26 febrero 2026

- Los telediarios y ciertos programas fatalistas pueden erosionar la moral colectiva porque tienden a amplificar lo excepcional, lo violento y lo negativo hasta convertirlo en una sensación de normalidad. Cuando la información se presenta como una sucesión ininterrumpida de crisis, conflictos y amenazas, el ciudadano acaba percibiendo el mundo como un lugar más hostil de lo que realmente es. Esa distorsión genera cansancio emocional, desconfianza y una sensación de impotencia que afecta al ánimo diario: uno se va a dormir con la impresión de que todo va mal y de que nada está en nuestras manos. La saturación de estímulos negativos, además, dificulta el descanso y alimenta un estado de alerta permanente que no corresponde con la vida real de la mayoría de las personas.

- A esto se suma que algunos programas fatalistas convierten el miedo en espectáculo, mezclando opinión, dramatización y datos sin contexto. Ese enfoque no informa: contamina. Alimenta la polarización, refuerza prejuicios y debilita la convivencia al presentar al “otro” como amenaza. Cuando la televisión se convierte en un flujo constante de alarma, el ciudadano pierde serenidad, capacidad crítica y, sobre todo, esperanza. Por eso el consejo de “apagar la TV para dormir bien” no es solo higiénico: es una invitación a proteger la salud mental, recuperar la calma y volver a mirar la realidad con equilibrio y criterio propio.

- Una conclusión clara es que la exposición continua a telediarios y programas fatalistas termina debilitando la salud emocional y la confianza social. Cuando la información se presenta como un torrente incesante de desgracias, amenazas y conflictos, el ciudadano acaba viviendo en un estado de alerta que no se corresponde con su vida real. Esa distorsión del mundo genera cansancio moral, reduce la serenidad y alimenta una sensación de impotencia que se filtra en el descanso, en las conversaciones y en la manera de mirar el futuro.

- Por eso, más que un simple gesto de higiene del sueño, apagar la televisión se convierte en un acto de cuidado personal y de protección de la propia mirada. Al tomar distancia de esos relatos fatalistas, recuperamos la capacidad de pensar con calma, de distinguir lo importante de lo accesorio y de mantener viva una esperanza razonable. En un entorno saturado de ruido, elegir qué dejamos entrar en nuestra mente es una forma de libertad y, sobre todo, de dignidad.



lunes, 23 de febrero de 2026

La bondad de la infancia y Cartier-Bresson


Henri Cartier-Bresson

23 febrero 2026

- La imagen muestra a un niño pequeño posando en el interior de una casa, de pie frente a una puerta de madera con cristales. Lleva puesta una camiseta de lunares y, sobre la cabeza, un sombrero hecho artesanalmente con tiras de papel o de periódico, que se abren en varias puntas como un gorro festivo o de fantasía. Mira directamente a la cámara con expresión serena. El entorno, una silla en primer plano y muebles al fondo, sugiere un ambiente doméstico y cotidiano. La escena transmite espontaneidad, creatividad infantil y un aire entrañable y nostálgico.

- La imagen ya respira ternura por sí sola, pero al mirarla con un poco más de calma aparece algo más profundo: un recordatorio de la bondad esencial que habita en la infancia, esa que no necesita grandes gestos para manifestarse. Ese pequeño con su sombrero improvisado encarna la promesa del futuro, la capacidad intacta de soñar sin límites y de convertir cualquier trozo de papel en un universo posible. En su mirada tranquila hay esperanza, una que no hace ruido pero que sostiene el mundo: la certeza de que, mientras existan niños capaces de jugar, imaginar y mirar de frente, siempre habrá un mañana que merezca la pena.

- Una vez más el artista supo fotografiar una realidad que existe si la sabes ver.

El lugar donde ella todavía existe

La historia de un hombre que perdió más que a una mujer: perdió su vida entera, y aún la busca en el aire Imagen de la IA de Bong 15 marzo 2...