sábado, 28 de marzo de 2026

El niño que fui, el que aún me sueña

Un encuentro inesperado en ese lugar donde la memoria y el sueño se dan la mano.

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

28 marzo 2026

- La realidad es lo único que no se puede cambiar —eso lo sabemos todos—, pero los sueños sí, y hoy he vuelto a tener uno de esos que te dejan, como dicen los cocineros, a punto de nieve.

- Volaba. Sí, volaba.

- Daba la mano a quienes ya no están y, curiosamente, también a muchos a los que hace años que no veo. El fondo no era azul: era blanco nata, casi cegador. Había puertas sin marco, todas abiertas, y ninguno llevábamos encima más que la inocencia del momento.

- Entre aquel grupo apareció un chaval que apenas sabía hablar, pero que hacía reír a todos con una naturalidad magnética, como la Luna tirando de la Tierra. Me acerqué, intrigado, y le pregunté:

—Hola, chaval… ¿cómo te llamas?

—Enrique —me dijo.

—Vaya, como yo —le respondí, divertido.

—No —me corrigió—. No me llamo como tú. Soy tú.

- Se rió con esa risa limpia de los enanos vivaces de su edad y se alejó corriendo hasta perderse en aquel fondo blanco que me hacía pestañear más de la cuenta.

- Y entonces llegó el susurro de siempre, el que me devuelve al mundo real por el oído izquierdo:

—Enrique, arriba, que llegamos tarde.

jueves, 26 de marzo de 2026

26 de marzo de todos los tiempos: Algunas fotografías de mi colección

 

26 marzo 2026

- Siempre me gustó la fotografía. A lo largo de mi vida hice miles de fotos y también me dediqué a recopilar todas aquellas que me han acompañado en tantos momentos de disfrute, obras creadas por grandes fotógrafos. Ahora, de vez en cuando, las observo como si fueran —y para mí lo son— joyas muy preciadas. Dejo hoy aquí, una pequeña muestra.

lunes, 23 de marzo de 2026

Ella me hablaba desde la vida


  Fotografía de Wolfgang Suschitzky


28 septiembre 2026

- Hay mañanas en las que uno se despierta ligero, sin dolores, sin sombras, sin noticias que pesen… y aun así aparece una inquietud que no sabes de dónde viene. Otras veces sueñas que aún subes unas escaleras sin esfuerzo, como si el cuerpo recordara lo que un día fue natural, y esa misma facilidad te descoloca. También ocurre que ves a alguien perder la paciencia con un mayor —con su propio mayor— y te duele: las voces, la prisa, la falta de memoria convertida en reproche, la torpeza tratada como culpa. Y entonces, inevitablemente, te preguntas en qué punto del camino estás tú.

- Pero hay días distintos, días raros y luminosos: todo parece en orden, la calle respira calma, la gente se saluda, los jóvenes acompañan a sus viejos del brazo, los niños obedecen sin dramatismos… y, aun así, algo dentro de ti se mueve, como si la normalidad también fuera un aviso.

- Recuerdo que mi Madre, cuando yo le pedía que dejara de preocuparse por mí, por mis decisiones y por el mundo entero, me respondió con esa mezcla suya de lucidez y cansancio:
“Quizás tengas razón, hijo… pero llegará un día en que te pasará lo mismo. Y entonces verás que lo más difícil —y lo más necesario— será aprender a no preocuparse por nada. Ojalá tú puedas. Yo ya no sé”.

- Yo me reí entonces, convencido de que hablaba desde la edad. Hoy entiendo que hablaba desde la vida.

jueves, 19 de marzo de 2026

Sigo locamente enamorado de Ella


19 marzo 2026

- No sé cómo sucedió, pero me enamoré locamente de ella como un niño que era y así sigo.

Al amor de toda mi vida, gracias por cada día a tu lado. Hoy celebramos tus primeros setentaitantos, y mi suerte de seguir contigo


domingo, 15 de marzo de 2026

El lugar donde ella todavía existe

La historia de un hombre que perdió más que a una mujer: perdió su vida entera, y aún la busca en el aire

Imagen de la IA de Bong

15 marzo 2026

- Sentado frente al mar en el banco que puedo estar sin que nadie pueda robarme el espacio. Cerré lo ojos:

- Lo vi sentado en el banco de siempre, aunque hoy parecía distinto. No era la postura, ni el cigarro que sostenía entre los dedos; era la forma en que miraba el aire, como si buscara algo que ya no estaba allí.

Me acerqué despacio, sin querer romperle el silencio.

- ¿Está bien? —le pregunté.

- Tardó en responder. Cuando por fin habló, su voz era un hilo que venía de muy lejos.

- No, hijo, no estoy bien. Solo estoy recordando lo que fui… y lo que perdí. Aquí me sentaba con ella. Aquí le contaba mis torpezas, mis miedos, mis tonterías. Ella me escuchaba como si todo tuviera arreglo.

- ¿Era su mujer?

- Negó con la cabeza, muy despacio.

- No, hijo. No era mi mujer. Era mucho más. Era mi vida entera. Yo creía que lo sabía, pero nunca se lo dije como debía. Y cuando la niña enfermó… cuando la leucemia nos robó hasta el aire… ella se apagó por dentro. Yo no supe sostenerla. Se marchó pensando que nadie la quería. Y yo… yo me quedé sin voz para detenerla.

- No supe qué decirle. Solo asentí, como si ese gesto pudiera acompañarlo un poco.

- Lo dejé allí, mirando un punto que solo él veía, moviendo la cabeza con ese vaivén que tienen los que hablan con sus recuerdos. Seguí mi camino sin saber si lo que me había contado era real o si era, como tantas veces, un aviso de mi propia imaginación.

- Pero da igual. Mi madre siempre decía que lo que uno imagina también es verdad, si lo siente de verdad. Y yo siempre le creí.

sábado, 14 de marzo de 2026

Memoria, sentimientos, remake, incertidumbre

Hoy un nuevo remake ilumina mi memoria, mis recuerdos y mis sentimientos

14 marzo 2026

- Sucedió otra vez. Dos sensaciones opuestas, cruzándose sin avisar, mientras la luz del nuevo día se filtraba por las rendijas de la persiana y despertaba, como siempre, las sombras de mi imaginación.

- Tras la muerte de mi Padre, nos reunimos en casa para acompañar a mi Madre. Aquel día recorrí cada estancia como quien repasa una vida entera. En cada rincón encontraba un fragmento de mis veintitrés años allí. Pero fue en el baño donde algo me detuvo: un tubo empezado de pasta dentífrica, una botella a medio consumir de Hair Tonic Blue, una cajita abierta de hojas de afeitar y otros objetos semejantes. Los tomé entre mis manos, uno por uno, sabiendo que Él los habría sostenido horas antes. Y me pregunté, con una mezcla de ternura y desasosiego, si al abrir ese último tubo o al estrenar aquella botella habría imaginado que serían los últimos.

- Desde entonces, aquella sensación —que entonces viví como un golpe triste— me acompaña cada vez que comienzo un tarro de Nescafé, un Sensodyne, un Hair Tonic, un bote de laca, una caja de Zyloric o cualquier objeto destinado a durar. Una especie de conciencia silenciosa, inevitable.

- En los últimos tiempos —no sé si meses o quizá años— me descubro evitando, sin pensarlo, poner el punto final a cualquier nota o escrito. Es un gesto automático, casi obstinado, como si una parte de mí se negara a cerrar del todo.

- Quiero creer, y lo creo, que esta resistencia es una forma íntima de rebeldía. Un modo de recordarme que no todo debe concluir deprisa, que hay cosas que conviene dejar abiertas, respirando, sin urgencias ni clausuras innecesarias.

- Y termino recordando una frase cuyo autor no logro fijar en la memoria, pero que vuelve a mí con frecuencia, como si quisiera ocupar un lugar central entre mis razones para seguir atento a la vida. Decía que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Quizá ahí resida, precisamente, la gracia de seguir adelante.

lunes, 9 de marzo de 2026

Comas, paréntesis y guiones largos: pequeñas marcas, grandes diferencias

Sobre la humilde pero decisiva función de los incisos en la escritura

Imagen de Grok

 09 marzo 2026


- A riesgo de parecer —y desde este mismo instante pido disculpas por ello— un profesor de Lengua, Ortografía o incluso de Literatura, me gustaría aclarar un asunto que suele pasar desapercibido, pero que determina de forma decisiva el ritmo, la intención y la elegancia de un texto: la diferencia entre escribir algo entre comas, entre paréntesis o entre guiones largos.

- No son equivalentes. No son intercambiables. Y, aunque a veces lo parezcan, cada uno de estos signos crea un tipo distinto de respiración en la frase, un modo particular de relacionar la idea principal con la idea secundaria. Como decía Azorín, “el estilo es la precisión”. Y aquí la precisión importa.
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1. El inciso entre comas
Las comas integran la información en el flujo natural de la frase. El lector no se detiene: simplemente atenúa el paso. Lo que va entre comas es relevante, forma parte del discurso y se lee como un matiz que acompaña sin interrumpir.
Ejemplo: Mi hermano, que vive lejos, llegará mañana.
Aquí el inciso es parte del retrato; no se puede quitar sin que la frase pierda algo esencial.

2. El inciso entre paréntesis
Los paréntesis introducen un comentario lateral, casi un susurro. La información es útil, pero no imprescindible. El lector puede saltársela sin que el sentido general se altere.
Ejemplo: Mi hermano (el que vive lejos) llegará mañana.
La frase funciona igual sin el paréntesis. Es un apunte, una nota al margen. Julio Cortázar decía que “el lector ideal es aquel que escucha lo que no está escrito”; pues bien, el paréntesis es justo eso: lo que casi no está.

3. El inciso entre guiones largos
Los guiones —estos mismos— crean una pausa enfática. A diferencia de las comas, aíslan la información; a diferencia de los paréntesis, la mantienen dentro del discurso principal, pero con un brillo propio.
Ejemplo: Mi hermano —que vive lejos— llegará mañana.
Aquí el inciso se convierte en un foco de atención. Es una interrupción expresiva, casi teatral. Galdós los usaba con maestría para introducir matices irónicos o aclaraciones con intención.

Tendencias actuales
En la escritura contemporánea se observa una preferencia creciente por los guiones largos, quizá porque aportan ritmo y personalidad. Los paréntesis, en cambio, se reservan para comentarios más íntimos o autorreferenciales. Las comas siguen siendo el recurso más neutro y, por ello, el más frecuente.
Nada de esto es obligatorio, pero sí orientativo. Como en casi todo en la lengua, la clave está en la intención: qué queremos que el lector sienta, dónde queremos que respire, qué queremos que recuerde.

Una sugerencia final
Antes de elegir un signo, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿qué papel juega esta información en mi frase?
Si es esencial, comas.
Si es prescindible, paréntesis.
Si es expresiva, guiones.
Y si aun así dudamos, recordemos a Lázaro Carreter: “Escribir bien no es escribir difícil, sino escribir claro”.

- Prometo que mañana no volveré a parecer un profesor de Lengua. O al menos lo intentaré.

El niño que fui, el que aún me sueña

Un encuentro inesperado en ese lugar donde la memoria y el sueño se dan la mano. Imagen obtenida con la ayuda de Grok 28 marzo 2026 - La rea...