Henri Cartier-Bresson
23 febrero 2026
- La imagen muestra a un niño pequeño posando en el interior de una casa, de pie frente a una puerta de madera con cristales. Lleva puesta una camiseta de lunares y, sobre la cabeza, un sombrero hecho artesanalmente con tiras de papel o de periódico, que se abren en varias puntas como un gorro festivo o de fantasía. Mira directamente a la cámara con expresión serena. El entorno, una silla en primer plano y muebles al fondo, sugiere un ambiente doméstico y cotidiano. La escena transmite espontaneidad, creatividad infantil y un aire entrañable y nostálgico.
- La imagen ya respira ternura por sí sola, pero al mirarla con un poco más de calma aparece algo más profundo: un recordatorio de la bondad esencial que habita en la infancia, esa que no necesita grandes gestos para manifestarse. Ese pequeño con su sombrero improvisado encarna la promesa del futuro, la capacidad intacta de soñar sin límites y de convertir cualquier trozo de papel en un universo posible. En su mirada tranquila hay esperanza, una que no hace ruido pero que sostiene el mundo: la certeza de que, mientras existan niños capaces de jugar, imaginar y mirar de frente, siempre habrá un mañana que merezca la pena.
- Una vez más el artista supo fotografiar una realidad que existe si la sabes ver.

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