03 febrero 2026
- Seguramente, nosotros mismos ya no somos capaces de recordar cómo ni cuándo fuimos dándonos cuenta de que debíamos soltar el amarre al hogar paterno para luchar por nuestro futuro, por nuestra vida. Pero ahora siento (como si fuera yo mismo) en qué tiempo y cómo afrontarán su porvenir nuestros nietos.
- Y aunque los tambores de guerra y la decadencia moral, territorial y política no les ofrezcan el mejor de los sueños, quiero decirles que aún hay belleza, aún hay bondad, aún hay luz. Que no se dejen arrastrar por el ruido ni por el miedo, que cultiven el pensamiento libre, la ternura y la dignidad. Que recuerden que también nosotros, en tiempos inciertos, supimos abrirnos camino. Y que ellos, con su fuerza nueva, sabrán hacerlo mejor.

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