lunes, 23 de marzo de 2026

Ella me hablaba desde la vida


  Fotografía de Wolfgang Suschitzky


28 septiembre 2026

- Hay mañanas en las que uno se despierta ligero, sin dolores, sin sombras, sin noticias que pesen… y aun así aparece una inquietud que no sabes de dónde viene. Otras veces sueñas que aún subes unas escaleras sin esfuerzo, como si el cuerpo recordara lo que un día fue natural, y esa misma facilidad te descoloca. También ocurre que ves a alguien perder la paciencia con un mayor —con su propio mayor— y te duele: las voces, la prisa, la falta de memoria convertida en reproche, la torpeza tratada como culpa. Y entonces, inevitablemente, te preguntas en qué punto del camino estás tú.

- Pero hay días distintos, días raros y luminosos: todo parece en orden, la calle respira calma, la gente se saluda, los jóvenes acompañan a sus viejos del brazo, los niños obedecen sin dramatismos… y, aun así, algo dentro de ti se mueve, como si la normalidad también fuera un aviso.

- Recuerdo que mi Madre, cuando yo le pedía que dejara de preocuparse por mí, por mis decisiones y por el mundo entero, me respondió con esa mezcla suya de lucidez y cansancio:
“Quizás tengas razón, hijo… pero llegará un día en que te pasará lo mismo. Y entonces verás que lo más difícil —y lo más necesario— será aprender a no preocuparse por nada. Ojalá tú puedas. Yo ya no sé”.

- Yo me reí entonces, convencido de que hablaba desde la edad. Hoy entiendo que hablaba desde la vida.

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